Los primeros tiempos del ciclismo, allá por finales del siglo XIX, estaban pensados para los grandes héroes. La bicicleta era un invento relativamente reciente en aquella época y sobre ella se buscaban los límites del esfuerzo humano. Por eso, a las primeras pruebas profesionales del ciclismo apenas participaban unas decenas de pioneros, «esforzados de la ruta» les llamaban, que tenían que completar recorridos salvajes y por aquellas “carreteras”.

Y una de las carreras ciclistas que surgieron en aquellos años fue la París-Brest-París, una carrera de 1.200 kilómetros a completar de una tacada. La primera edición se celebró en 1891 y el primer clasificado, Charles Terront, tardó algo más de 71 horas en completar el recorrido. Peculiar en casi todo, la prueba celebró diez ediciones, una cada diez años (menos la de 1948) y la última como carrera profesional fue la de 1951.

Brevet de larga distancia

Sobre ese mismo e histórico recorrido el Audax Club Parisien (ACP) organiza una brevet de larga distancia desde 1931. Y, ¿qué es una brevet? Pues una prueba ciclista de larga distancia, no competitiva, en la que pueda participar cualquier aficionado que haya acreditado antes haber completado otras brevets de menor distancia (generalmente de 200, 300, 400 y 600 km). A este tipo de ciclismo se le conoce también como “ciclismo randonneur” (excursión, viaje, en francés).

Una vez completados estos recorridos durante un año natural, el ACP local (suelen tener delegaciones en diferentes países) emite un certificado que permite, a su vez, la inscripción en la París-Brest-París, una prueba de ciclismo que solo se celebra cada 4 años. Y este 2019 toca una nueva edición. En la última participaron casi 6.000 ciclistas que tuvieron un máximo de 90 horas para completar esos míticos 1.200 km.

El participante debe pasar por una serie de puntos de control y sellar el carné que le facilitan en la salida. En principio, las brevets se hacen en régimen de autosuficiencia por eso los ciclistas van equipados con portabultos, guardabarros, recambios, comida, luces… Obviamente, el recorrido no está marcado previamente, ni siquiera se puede hablar de un recorrido único, ya que lo importante es llegar a los puntos de control y sellar el carné de «randonneur».

En la París-Brest-París lo fundamental es administrar bien los esfuerzos, pero también los descansos. En algunos puntos de paso, los organizadores colocan rudimentarias colchonetas para que los participantes descansen unas horas. Aunque sea difícil de creer, muchos participantes llegan a dormirse encima de la bici, mientras pedalean, por eso mantener alejado el fantasma del sueño es clave en este tipo de pruebas de larga distancia.

Más información en la web Randonneur 


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