Limpiar nuestra bicicleta es algo que deberíamos hacer de vez en cuando, es algo que no requiere mucho tiempo, pero sí de cierta práctica.

 

Mantener nuestra bicicleta limpia es importante para alargar la vida tanto del cuadro como de los componentes. No hay que ser obsesivos ni limpiarla después de cada salida, pero sí hacerlo con cierta asiduidad y, sobre todo, después de salidas complicadas por terreno húmedo o con mucho barro. De este modo, evitaremos que el óxido perjudique ciertos elementos, además de darle un aspecto “más apetecible” a nuestra montura para la próxima salida.

Para limpiar la bici no es necesario usar una manguera de agua, ni agua a presión. Sabemos que mucha gente lava la bici en los lavaderos de coches, usando la lanza de agua a presión. Se puede hacer, pero no hay que abusar pues la presión del agua puede perjudicar los rodamientos internos a largo plazo. Conviene no darle ni con la presión a tope ni demasiado cerca. Después del agua hay que secar bien la bici, con un trapo que no deje hilos o con una pistola de aire comprimido.

Si la bici no está muy sucia, se puede limpiar perfectamente con un trapo húmedo o con una esponja con un poco de jabón. Esto es ideal para las bicis de carretera que no se suelen ensuciar tanto. Dos o tres veces al mes, pasar un trapo húmedo por el cuadro y los componentes es suficiente para dejarla lustrosa.

Para los neumáticos, sobre todo si tienen barro, se puede usar un cepillo de pelo duro para pulirlos bien y para las partes de acceso más complicado se puede usar un cepillo de pelo algo más suave para no dañar algunos componentes.

¿Productos específicos de limpieza para bicis? Obviamente los hay, pero cualquier detergente que usemos para nuestro baño o cocina (que no sea muy corrosivo) nos puede servir. Hay que recordar que no hay que frotar el cuadro hasta que le salte la pintura…

Limpieza y lubricación de la cadena

Tras quitarle la suciedad, es importante darle un toque de lubricante a la cadena y a algunos componentes de fricción de vez en cuando. Igual que antes, no es indispensable hacerlo después de cada salida, pero al menos una vez a la semana, en función de los kilómetros que hagamos, sí que es bueno lubricar.

Recuerden que la cadena es un elemento fundamental para el mecanismo de la transmisión. Mantenerla en condiciones es sencillo y si la mantenemos en buen estado hará que todo el grupo de la bici nos dure más y funcione mejor.

Para limpiar la cadena basta con echar desengrasante en un trapo y pasarlo por la cadena. Así nos llevaremos la parte de suciedad acumulada, seguramente el trapo nos quedará negro. Tras dejar pasar unos minutos para que seque el desengrasante, podemos aplicar, esta vez sí, un aceite lubricante específico para bicicletas. Los hay de varios tipos: cerámicos, para ambientes húmedos, secos… Usemos el que más conviene y no en mucha cantidad.

Aplicar el lubricante es sencillo; basta con colocarlo en la parte interna de la cadena y dar vueltas al pedal hacia atrás para que la cadena se desplace. La fuerza centrífuga hará que el lubricante penetre poco a poco en el interior de los eslabones. Insistimos en que no es necesario aplicar mucho producto, un poco bastará, sobre todo si lo hacemos una o dos veces al mes.

Aquí hablamos de cómo limpiar la bici exteriormente. Algo importante para su buen funcionamiento. Pero también hay que atender a las partes internas, sobre todo rodamientos, que también acumulan suciedad con el paso del tiempo. Sería bueno llevar a que nos la desmonten, limpien y engrasen de vez en cuando (una vez al año, si hacemos muchos kilómetros).


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