El herrero Mariano Catalán fabricó en 1867 la que se considera la primera bicicleta de la historia de nuestro país.

Trasteando por las redes sociales en las últimas semanas, descubrimos una interesante información acerca de la primera bicicleta que se fabricó en España que, a su vez, se considera la primera que circuló por nuestras carreteras (es un decir) de mediados del siglo XIX.

Tras aquel primer ciclo “made in Spain”, encontramos la inmensa figura de Joaquín Costa. Nacido en Graus (Huesca), Costa fue uno de los políticos más potentes de la España de finales del siglo XIX, famoso por sus ideas regeneradoras y por apostar por un “cirujano de hierro” que enderezara el rumbo de una España francamente en crisis tras la pérdida de Cuba y Filipinas.

Pues resulta que, siendo muy joven, Costa fue a París a estudiar, trabajar y aprender. Forma parte de un grupo becado de “artesanos discípulos españoles” que España manda a colaborar con las obras y preparativos de la Exposición Universal de París. Imaginaros a ese chaval salido de la Huesca del siglo XIX en la “ciudad de la luz”, en pleno macro evento mundial ideado para demostrar el poderío imperial de Napoleón III.

Entre el bullicio de los “ateliers”, Costa descubre un extraño cacharro con el que algún excéntrico aparejador se mueve por las instalaciones. Se trata del ciclo patentado por la compañía de Pierre Michaux en 1865, quien también exponía en la Expo.

Joaquín Costa quedó maravillado de “la Michaux”, un modelo de ciclo previo a la “bici de seguridad” (el tipo de bici que se impondría poco después gracias a la transmisión por cadena), pero que podría reconocerse como una bicicleta. Como podemos ver por la imágenes, el invento de Michaux tenía dos ruedas, dos pedales y una dirección muy básica directamente anclada al eje de la delantera. Joaquín Costa tomó notas, dibujó, preguntó, comentó… y envió aquella información a sus amigos en Huesca.

El amigo herrero

Los planos de la bicicleta llegaron a manos de un conocido amigo y herrero de la zona: Mariano Catalán. Fue él quien se encargó de desentrañar los dibujos de Costa y adivinar de qué trataba aquella información. Hay que tener en cuenta que la bici era un invento completamente nuevo, lo más parecido que habrían visto por la zona sería un carro tirado por bueyes o caballos; prácticamente nadie era capaz ni de imaginar que se pudiera crear un vehículo autopropulsado.

Hay que tener en cuenta que el mundo, sobre todo el rural del XIX, era muy estable. Los avances tecnológicos se producían muy despacio y seguramente nadie estaba acostumbrado a que, ni siquiera de vez en cuando, apareciera alguna invención o cambio realmente relevante.

Pues en ese mundo prácticamente estático, aparece Mariano Catalán dando forma a hierro y madera, ayudado por sus amigos, Manuel Ricol y José Javierre. Con el invento acabado, podemos imaginar a estos pioneros del ciclismo tratando de “domar” aquella primera bicicleta de la historia española. Nadie sabía cómo se hacía y hay que suponer que los tortazos serían constantes.

Cuentan que, para evitar las miradas, los comentarios y sobre todo las risas de los lugareños, Catalán y sus amigos optaron por “entrenar” de noche. Poco a poco, le pillaron el truco y domaron aquella primera bicicleta que circuló por España. De lo cual, podemos concluir que Mariano Catalán fue también el primer ciclista español (o al menos el primer cicloturista o el primer globero).


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