Recientemente se ha aprobado una normativa que restringe el uso de la bicicleta de montaña en el Parque Natural de Collserola, en Barcelona. Se trata de una zona emblemática para el ciclismo y muy usada por los aficionados dada su ubicación muy cercana a la gran zona metropolitana de Barcelona. La normativa, aún pendiente de ratificar por la mayoría de ayuntamientos limítrofes, limita el uso de la bici a caminos de al menos tres metros de anchura, restringiendo también la velocidad máxima a 20 km/h. Serían las policías municipales las encargadas de aplicar el régimen de sanciones que ascendería hasta los 500 euros en algunos casos.

El objetivo de los gestores del Parque es el de proteger a otros usuarios, sobre todo a los paseantes. Pero lo hace limitando quizás en exceso el uso de un deporte que lleva practicándose en la montaña barcelonesa desde hace al menos 30 años, sin que en ese periodo se conozcan grave problemas de convivencia entre ciclistas y peatones. Esta es una tendencia que se viene apreciado en otros Parques Naturales, sobre todo en los más cercanos a las grandes áreas de población, y en espacios verdes urbanos, como en la Casa de Campo de Madrid. Las nuevas reglamentaciones suelen ir en detrimento del uso de la bicicleta y al ciclismo mtb. En algunos casos, como en Plan de Uso de la Sierra de Guadarrama, se llegó incluso a prohibir la circulación de bicicletas eléctricas, aunque esta normativa ya ha sido revisada.

Ante este panorama, asociaciones de ciclistas como IMBA denuncian que «las Administraciones desconocen que a mayor anchura de los caminos, mayor velocidad, y que en los senderos estrechos la velocidad se reduce considerablemente». En un comunicado, esta asociación que vela por los intereses del colectivo del ciclismo de montaña asegura que «la nueva normativa es una barbaridad».

Desde este organismo se han puesto en marcha peticiones en diversas plataformas online para que se cambie la normativa ciclista y están trabajando para presentar alegaciones en los municipios donde se tienen que aprobar. La idea, según IMBA, es encontrar el punto de equilibrio y respeto para que todos los usuarios se sientan cómodos y seguros practicando el deporte que más les guste en un entorno natural y respetando al máximo al resto de usuarios.


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